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Psicología

AFRONTANDO EL ESTRÉS ACADÉMICO EN LOS ALUMNOS

María Jesús, esta mañana la niña se ha levantado llorando por el miedo a que le salga mal el examen de matemáticas.

María Jesús, el niño está desbordado, muy agitado y tenso cada tarde.

– Las malas contestaciones, falta de interés y desmotivación están cada día presentes en casa. Estamos un poco cansados y agobiados.

– Me da igual lo que saque en las diferentes asignaturas, es un rollo todo.

– No tiene tiempo para jugar, estamos toda la tarde entre libros estudiando y con deberes.

 

Estas y muchas otras frases, así como conversaciones que derivan de las mismas, están siendo una tónica habitual en mis sesiones con los menores durante las últimas semanas.

 

Lo que más me preocupa de todo esto, es que estas expresiones no parten en su mayoría de alumnos y padres de secundaria (donde la exigencia y presión es mayor), surge de muchos padres y niños de primaria.

 

Sí, hemos llegado a un nivel de exigencia y presión en cursos cada vez más tempranos que debemos pararnos y reflexionar sobre el por qué, cómo modificar, qué medias tomar, etc.

 

Sé que muchos pensaréis y contestaréis que la ley educativa ha planteado unos contenidos y unas evaluaciones para los diferentes cursos. Y sé que es así, pero depende de la metodología de los docentes y el programa que el centro escolar tenga, el cómo se lleve a cabo.

 

Hace unas semanas estuve en un curso de Mar Romera, y el lema era “derribar muros”, la ley no se va a cambiar de un día para otro (esto lo tenemos todos claro), pero los docentes sí pueden derribar esas barreras, modificar su manera de trabajar, evaluar y atender a sus alumnos, cumpliendo el currículo y las evaluaciones que se soliciten.

 

Actualmente, nos encontramos con niños de 3º de primaria que tienen semanas completas de exámenes de las diferentes asignaturas, e incluso dos exámenes por día. Y yo me pregunto:

 

¿Realmente es necesario esa presión desde cursos tan bajos?

 

Mi respuesta es no. Y sabéis por qué lo pienso. Porque cada vez nos encontramos con niños desmotivados en el aprendizaje en cursos de primaria, porque cada vez el fracaso escolar llega antes y la falta de interés por la escuela va disminuyendo.

 

La escuela debe ser ese lugar especial al que ir con ilusión, ganas y motivación a tope. No debe ser ese edificio al que ir con la cabeza baja, una mochila con un peso desproporcionado (no solo por los libros) y pensando en el qué me pedirán o qué tendré que hacer cuando salga.

 

En la puerta del cole de mi hija muchos días escucho frases como: “haz todos los deberes que puedas en clase para tener más tiempo de estudiar esta tarde”; “recuerda que si no aprovechas tiempo en clase no podremos ir a futbol”; “llevas bien el examen, así que un 8 como mínimo”.

 

Este tipo de despedidas de los padres hacia los hijos me cambia la cara, dónde está la despedida de: “cariño pásatelo bien en el cole y disfruta. Te quiero”.

 

Se pasa a una presión extra desde los padres en los quehaceres académicos de los hijos, de los que en muchas ocasiones no se es consciente hasta que el problema estalla.

 

Al final nos encontramos con situaciones de ansiedad, frustraciones, miedos académicos, etc, por parte de niños cada vez más temprano. Situaciones a las que hay que hacer frente, buscar ayuda profesional para recibir orientación y ayuda para que los menores sepan cómo actuar en determinados momentos.

 

Cada día en mi trabajo, me encuentro con menores en situaciones de tensión, agobio, estrés y bloqueo porque ven ante ellos una gran montaña a la que no saben cómo hacer frente y escalar, a la que cada vez se acumulan más piedras que superar (añadiendo poco a poco desmotivación y falta de interés).

 

Así que, ante todo esto ¿qué considero importante para evitar llegar a estas situaciones de estrés académico en los alumnos?

  • Dialogar con los menores. Es un punto clave tanto en las aulas como en los hogares. Hablar con ellos es fundamental, para que transmitan y expresen lo que piensan y sienten, cómo ven la situación, qué dificultades son las que están encontrando o qué ayuda es la que necesitan.
  • Trabajar la expresión emocional. Llenar la mochila de emociones desagradables, no afrontarlas ni gestionarlas o no expresarlas, convierte el estado emocional de los estudiantes en una “bomba” que puede estallar en cualquier momento, generando situaciones mucho más complicadas y con mayor dificultad de gestión.
  • Manejar técnicas de relajación. Sí, conocer y aplicar técnicas que ayuden a relajarse, bajar el nivel de activación, ayudando además a favorecer la atención es importante. Existen una gran variedad de las mismas, que se pueden adaptar y aplicar según las edades y características de los menores.
  • Seguir un plan de estudio adecuado. Lo he mencionado en más de un artículo de este blog, una buena planificación y distribución de los tiempos de estudio es clave, así como emplear diversas estrategias de aprendizaje que favorezcan la adquisición de los diferentes contenidos.
  • Quitar peso al número. Esto lo he hablado en muchas ocasiones con compañeros de profesión y con profesores. El número final de la nota genera mucha tensión a los alumnos, es una losa jugarse todo a un examen, a una carta. Muchos niños se comienzan a centrar en el número de los exámenes, perdiendo el peso del aprendizaje que se ha llevado a cabo. Es importante valorar el día a día, el trabajo de aula, participaciones, etc. Haciéndoselo saber también a los alumnos, trabajando así con ellos su seguridad, tranquilidad y confianza a la hora de afrontar momentos diversos, entre ellos los exámenes.
  • Atender a la autoestima. La autoestima es clave en las personas, así en los estudiantes tener confianza en sus capacidades, ver hasta donde pueden llegar y que lo pueden hacer, es un punto de empuje y motivación para sus actuaciones académicas y para actuar en los diferentes momentos.

Estas son algunas recomendaciones para trabajar y afrontar las situaciones de tensión que pueden vivir los alumnos académicamente. La comunicación alumnos-profesores-padres es muy importante, así como con los profesionales que estén ayudando a los menores.

 

 

Lo que considero importante es tener en cuenta a los alumnos, conocer cómo se sienten y se encuentran, cómo afrontan las diferentes situaciones del aula y en función de ellas actuar.

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