c-chapman-401154
Psicología

CADA UNO SIGUE SU RITMO

En las últimas semanas he estado viendo algunos vídeos, programas y entrevistas a personas representativas del mundo de la educación, neuroeducación y neuropsicología. Hay que estar al día y seguir aprendiendo.

 

He de decir que con ellos comparto muchas de las opiniones que muestran con respecto a la educación, la necesidad de adaptarse a las nuevas demandas de los alumnos, los nuevos recursos que nos encontramos, y por supuesto a la importancia de tener en cuenta todos los nuevos descubrimientos y conocimientos que se tienen acerca de las características de los alumnos y la forma en que los aprendizajes se llevan a cabo.

 

En este artículo no voy a entrar a analizar datos, ni estudios e investigaciones que se llevan a cabo. El objetivo del mismo va a ser mostrar mi opinión con respecto a la importancia de tener en cuenta muchos de esos hallazgos a la hora de trabajar con los menores.

 

Lo digo en muchos de mis artículos, soy psicóloga educativa y por lo tanto mi trabajo se desarrolla con menores que presentan Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA), Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), u otro tipo de dificultades asociadas al rendimiento y a su desenvolvimiento diario (hábitos, rutinas, estrategias de aprendizaje, gestión emocional, etc).

 

Como os podéis imaginar, cada día en el centro psicopedagógico, que dirijo y en el que desarrollo mi labor, me encuentro con chicos (desde los 5 hasta los 18 años) que me exigen una adaptación personalizada a ellos, aquí no vale un plan de intervención para emplearlo con varios menores. ¿Por qué?

 

Porque cada chica y chico que se sienta junto a mí tiene sus demandas, sus necesidades, sus características particulares y su propio ritmo de aprendizaje.

 

Desde mi punto de vista y vivencias, este es uno de los fallos del sistema educativo, lo poca posibilidad que se encuentran en las aulas de adaptarse a cada ritmo de aprendizaje, bien por falta de recursos personales y materiales, falta de tiempo, exigencias con los temarios, número de alumnos en el aula, etc. Como se sabe, hay orientadores, profesores de pedagogía terapéutica y maestros de audición y lenguaje, que trabajan con aquellos menores que presentan alguna dificultad específica varias horas a la semana, pero también nos encontramos con otros menores que no son derivados.

 

Ante estas situaciones nos encontramos, en muchas ocasiones, a profesores desbordados, con dificultad de prestar atención a todos los alumnos de su clase, y que se sienten impotentes por no poder atender a todos como a ellos les gustaría.

 

Y desde mi experiencia personal, he de decir que me he encontrado a un alto porcentaje de profesores que se encuentran muy perdidos a la hora de trabajar con alumnos que presentan alguna dificultad en el aula, generalmente por falta de conocimiento sobre cómo afrontar las situaciones que se pueden dar en el aula con esos alumnos.

 

Y ojo, que aquí no hablo de una responsabilidad única de los maestros o profesores, quizá la formación del profesorado (en las facultades o másteres) debería cambiar y enseñar qué alumnos hay en el aula, qué demandas existen y cómo poder intervenir con ellos. Como bien dice José Ramón Gamo, “no podemos seguir enseñando en las escuelas de magisterio los mismos contenidos que hace 20 años”. (Aprovecho para recomendaros este programa del proyecto Aprendemos Juntos en el que el protagonista es Gamo).

 

Hay que conocer las características personales de los alumnos, qué exigen y cómo se puede adaptar la dinámica del aula, además de buscar apoyos y orientaciones por parte de otros profesionales especializados en el tema.

 

En mi caso, me gusta reunirme o mantener contacto (vía mail o telefónicamente) con los profesores de los menores con los que trabajo. Claro está, no con todos es fácil, los hay más predispuestos y con ganas de buscar la colaboración, así como recibir pautas y establecer puntos de intervención común, mientras que otros son más “cerrados” en poder recibir una ayuda.

 

Yo siempre digo lo mismo a padres y docentes:

 

“Mi único objetivo es buscar el beneficio y desarrollo óptimo del menor, adaptarse a sus necesidades y que disfrute del aprendizaje, y por supuesto la colaboración entre los distintos profesionales que trabajamos con él o ella en una misma dirección”.

 

Lo acabo de mencionar, no solo hay que colaborar con los docentes, una pata muy importante en el desarrollo de los menores son los padres. Así que, orientarles, guiarles, informarles claramente de las demandas y características de sus hijos, ofrecerles pautas para que el día a día en casa sea el deseado, es clave.

 

Pero sé que os podéis plantear un aspecto a tener en cuenta por parte de la familia, asimilar y aceptar que el hijo o la hija presenta unas dificultades específicas. Y os digo que en muchas ocasiones esto no es fácil y hay que hacer un trabajo importante con la familia para derribar prejuicios, acabar con mitos y creencias muy erróneas sobre la dificultad que pueden presentar los hijos.

 

El título de este artículo dice “cada uno sigue su ritmo”. Y esto lo que implica (desde mi opinión y mi trabajo) es tener en cuenta una serie de aspectos:

  • Conocer al menor que se tiene delante. Y aquí, sé que muchos no están de acuerdo con lo que voy a decir, los tests y pruebas pasadas en un momento dado no son determinantes ni lo único a tener en cuenta para establecer un diagnóstico.

Al menor hay que conocerlo, trabajar con él, ver cómo se desenvuelve en diferentes contextos y tareas realizadas conjuntamente (lo que nos dicen a través de un listado de ítems no es lo único en lo que nos tenemos que basar).

  • Adaptar la intervención a sus necesidades y características. Ya lo he dicho, un plan de intervención es único y exclusivo para un menor, no vale para todos con los que trabajemos.

En mi caso, cada niño, niña o adolescente que se sienta a mi lado tiene su propias necesidades, por lo que mi obligación es adaptarme a ellas y elaborar una intervención personalizada y adaptada a cada uno de ellos.

  • Hablar y conocer cómo se sienten. Sí, en muchas ocasiones las dificultades de aprendizaje llevan asociados momentos de frustración, ira, incompresión y malestar por parte de los menores.

Esto puede deberse a muchos motivos, por ejemplo comparaciones con compañeros, ver que no llegan a objetivos, sentirse diferentes, etc. Por lo tanto, tener en cuenta la comunicación y expresión de emociones y sentimientos es fundamental.

  • Contar lo que les sucede. Hay que ser claros y contar a los chicos y chicas los que les sucede, explicarles el porqué de algunos acontecimientos, de algunas de sus acciones o decisiones tomadas.

Esto les permitirá conocerse, aceptarse y actuar según sus necesidades, así como implicarse en el plan de actuación y pautas establecidas. Ya que verán que van en busca de su beneficio.

  • Ser realistas y profesionales. Hay que mostrar a las familias lo que nos encontramos, el trabajo que se debe llevar a cabo, así como las exigencias e implicación por parte de todas las personas que rodean al menor.

Yo como psicóloga ofrezco pautas y orientaciones, pero si algo no funciona debo reflexionar, analizar el por qué y ofrecer nuevas estrategias adaptándome a la información recibida y observada. Lo primero no siempre es lo que vale, así que hacer autocrítica y modificar también se debe tener en cuenta.

 

Como conclusión a este artículo me gustaría finalizar con esta breve reflexión:

 

Cada menor tiene su ritmo de aprendizaje, hay que respetarlo, adaptarse a él, e intervenir según sus necesidades y, por supuesto, debemos colaborar todos los profesionales implicados en su desarrollo, aprendizaje y evolución.

SÍGUEME

  • Twitter de Maria Jesús Campos Osa
  • Facebook de Maria Jesús Campos Facebook
  • Instagram de Maria Jesús Campos Facebook

Comentarios (2)

  1. Dácil

    12 feb 2018 - 10:32 am

    Lo que cuentas en el post sería lo ideal, pero es muy difícil de implementar con el panorama actual. Los ratios, el bajo presupuesto y los profesores interinos que como mucho están con los peques un curso son algunos de los problemas que hay que solventar para poder atender a cada niños según sus necesidades y capacidades. Ojalá se logre pronto

    • María Jesús Campos Osa

      12 feb 2018 - 10:43 am

      Buenos días Dácil,

      Gracias por tu comentario! Es cierto que hoy día es complicado en las aulas llevar a cabo algunas actuaciones, ya lo indico. De ahí la importancia y el inciso que hago en la colaboración entre los diferentes profesionales que podemos estar trabajando con menores que presentan dificultades en el aprendizaje, ya que muchas de las pautas que se ofrecen no suponen grandes modificaciones ni cambios en las dinámicas del aula, pero sí son pequeños detalles que favorecen el aprendizaje de los chicos. Y los equipos de orientación están desbordados, soy muy consciente, por ello si profesionales especializados en el tema ofrecen su colaboración es importante tenerla en cuenta.

      Estos temas dan para mucho debate y por supuesto están dentro de muchos de los cambios que se pueden y deben llevar a cabo en el sistema educativo.

      Un abrazo!

Deja un comentario