Educación

¿Aprender jugando?

Las formas de enseñanza van cambiando, por suerte, y se van empleando nuevas metodologías y sistemas para que el aprendizaje de los alumnos sea más motivador y enriquecedor.

 

Gracias a esas nuevas metodologías, cada vez va ganando más espacio en los centros escolares el Aprendizaje Basado en Juegos (ABJ), aunque reconozco que no tanto como a muchos nos gustaría.

 

¿Aprender jugando? Es la pregunta que se hacen muchas personas y sorprende a muchos padres cuando lo plantean los profesores. Ante esta pregunta, la respuesta yo la tengo muy clara, “¡Por supuesto!”.

 

Estamos muy acostumbrados a un sistema de enseñanza tradicional, con el libro, los temas explicados de manera más o menos clara y detallada, y una serie de ejercicios para resolver.  Pero, ¿Por qué no explicar y trabajar esos contenidos a través de juegos y dinámicas diversas? Pues esto, es lo que están haciendo muchos docentes en nuestro país, y he de reconocer que con gran acierto y con mucho mérito, sobreponiéndose a muchas dudas de otros colegas de profesión.

 

Lo confieso, yo misma sigo una filosofía de aprendizaje basado en juegos, tanto en mis talleres grupales como en mis sesiones individuales. Ver a los niños disfrutar haciendo juegos muy diferentes, en los que investigar, indagar, crear e imaginar, con la finalidad de aprender y asimilar contenidos diversos según el área trabajada, es un placer del que disfruto cada día. Y recalco, funciona y funciona muy bien.

 

Pero, ¿Por qué aprender jugando?

  • Motivación. Elemento fundamental en cualquier aprendizaje y a cualquier edad. Si no estamos motivados, poco aprenderemos y poco interés tendremos en hacerlo.

Hoy día se escucha mucho la frase de: “los chicos no están motivados en el aula”, “mi hijo no tiene interés ni motivación por los estudios”. Si estamos detectando esa falta de motivación, ¿por qué no actuar para relanzarla? Pues bien, busquemos nuevas maneras de trabajar con los menores, a través de las cuales nos adaptemos a sus necesidades e intereses, y así les motivemos para continuar aprendiendo y conociendo.

  • Curiosidad. Parece que los niños han perdido el interés y la curiosidad de aprender y conocer cosas nuevas. Si juegas, generas incertidumbre, porque un juego te abre diferentes puertas a través de las cuales acceder y conocer más.

A todos nos gusta saber qué va a suceder si tomamos una decisión u otra en un juego, cómo podemos ganar o llegar al final a través de diferentes pruebas, pistas o búsqueda de información. Esto es generar curiosidad y por qué no adaptarlo a la asignatura de Historia, por ejemplo, y así comprender qué caminos se han seguido para llegar a las nuevas etapas, a los acontecimientos, a los conflictos… Querer saber más y ver qué sucede, generando esa intriga en los alumnos, porque ellos forman parte de ese proceso, es fundamental para un aprendizaje enriquecedor.

  • Trabajo en equipo. En los juegos no siempre tiene que haber una partida de uno contra uno, o de individualismos, podemos plantear actividades en las que los alumnos tengan que trabajar en equipo, colaborar para descubrir y resolver enigmas. Recuerdo siempre al grupo que en un taller de control emocional debía elaborar una figura con el conocido “Tangram”, inicialmente les resultaba complicado ponerse de acuerdo, pero poco a poco, retomando ideas y pautas vistas en sesiones previas, se organizaron e hicieron su trabajo conjunto y lo consiguieron, generando en ellos gran satisfacción y sentimiento de grupo.

Si  fomentamos el trabajo en equipo actuamos sobre aspectos como la escucha activa, el respeto, tolerancia o compañerismo entre los menores. Valores que en ocasiones están aislados en las aulas y su ausencia puede ser la base de conflictos.

  • Dinamismo. Aquí entra la dicotomía aprendizaje pasivo versus aprendizaje activo. Todos tenemos recuerdos de esas clases soporíferas en las que el profesor explica, habla, habla y habla, mientras los alumnos hacen sus dibujos en el libro, piensan en sus cosas o van leyendo los contenidos a su ritmo.

Por qué no cambiar esto, por qué no plantear clases en las que los alumnos se muevan, participen, tengan diferentes funciones para así conocer y adquirir nuevos contenidos. Por qué no plantear actividades en las que buscar pistas en diferentes lugares, donde por ejemplo se trabaje la animación a la lectura para descubrir un enigma o formar un texto correspondiente a un libro del autor que vayamos a estudiar.

  • Diversión. Aprender debe ser divertido, enriquecedor, gratificante y fantástico. Sin embargo, nos encontramos con muchos chicos a los que el aprendizaje se les convierte en una montaña gigantesca a la que escalar dedicándole horas, aprender de memoria sin comprender y pasando cursos sin recordar parte de lo estudiado.

Demos movimiento a las aulas, demos espacios en los que reír y disfrutar, en los que compartir experiencias y aprender de la interacción, en los que aprender sea un momento de diversión.

 

Por estas razones, considero fundamental cambiar algunas metodologías dentro del aula, no tiene que ser cambio radical, pero poco a poco introducir elementos que supongan un aprendizaje diferente, motivador, divertido y enriquecedor.

 

¿Te apuntas a aprender jugando?

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