Psicología

TIRAR LA TOALLA… ¡JAMÁS!

“Nos vacila continuamente. Se compromete a hacer algo y nada, no recoge, deja los estudios para el último momento, su habitación es una “leonera”… Ya no sabemos qué hacer, es una desesperación continua, estamos muy cansados de tirar del carro, son muchas veces, muchas promesas y muchas desilusiones”.

 

Seguro que estas reflexiones a más de uno os suena. En algún momento os podéis haber encontrado con padres en esta situación límite, e incluso algunos de vosotros la podéis estar viviendo o haber vivido.

 

Sí, en muchas ocasiones, como padres la sensación y reflexión que se tiene tras una relación diaria tensa y conflictiva con los hijos es: “tirar la toalla”.

 

¿Cómo se llega a esta situación?

 

Estas situaciones límites no suceden de un día para otro, son un cúmulo de momentos, vivencias y hechos que se repiten diariamente y a los que no se les da una solución inicial, por diversos motivos, arrastrándonos a una gran desilusión y malestar.

 

¿Qué motivos pueden influir?

 

Pueden ser muchos y variados, según las circunstancias personales de cada familia, cada persona y cada hogar. Entre algunos generales podemos mencionar:

 

  • Hacer cosas por ellos. Hay momentos en que los padres para no perder tiempo, ser más rápidos o porque no pueden ver la habitación sin recoger, van y lo hacen por ellos.

“Bueno, lo voy dejando porque prefiero hacer otras cosas, hablar con mis amigos, usar el móvil, es cierto que mis padres se enfadan, pero al final ellos se ponen y la recogen porque no pueden verla desordenada”.

 

Esta es la visión que tienen muchos hijos cuando son los padres, tras discutir con ellos, terminan haciendo lo solicitado. Han aprendido a dejar sin hacer las cosas, porque habrá alguien que lo haga por ellos, aunque haya una repetición continua de que lo tienen que hacer, provocando la discusión y el enfado.

  • Falta de hábito y rutinas. Desde pequeños los niños necesitan una serie de rutinas para adquirir hábitos en muchos aspectos de su día a día. Por ello, organizar las tareas y distribuirlas a lo largo del día es importante desde su infancia, para así asimilarlas y que formen parte de sus quehaceres diarios.

“Llega del colegio y lo primero que hace es coger el móvil o la tableta, la tarde pasa y las tareas académicas las deja para el final o no las hace”

 

Este tipo de situaciones provoca momentos de tensión, ya que a medida que avanzan los cursos las exigencias son mayores y por lo tanto el tiempo a invertir también va modificándose. Así, lo que antes exigía poco o se podía hacer al final de la tarde ahora no puede ser. No solo a nivel académico, otras tareas como hacer su cama, recoger cuando se termina de jugar, poner o quitar la mesa…

 

  • Diálogo. Uno de los problemas que suceden en muchos hogares es la comunicación, la falta de diálogo entre padres e hijos. Necesitamos hablar con los hijos, expresar lo que sentimos, lo que necesitamos y lo que no nos gusta que hacen, o lo que esperamos de ellos, igualmente es necesario escuchar a los hijos, saber sus intereses, necesidades y sentimientos.

“Mi madre quiere que recoja la habitación cuando ella lo dice y punto. No me escucha, no me permite que lo haga cuando haya regresado de inglés o haya terminado mis tareas. Tiene que ser cuando ella lo dice. Me pone enferma”.

 

Esta expresión la oigo de muchos adolescentes en las sesiones. La inmediatez que exigen los padres en muchos momentos, sin tener en cuenta lo que los hijos les pueden plantear, sin buscar un punto de acuerdo conjunto para la realización de las cosas. Hay edades y aspectos de la vida que se pueden consensuar y acordar en familia, sin recurrir a la imposición, que en muchas ocasiones recibe como respuesta del menos su rebeldía.

  • Consecuencias ante los actos. La amenaza es un reclamo de muchos padres, pero se queda en una amenaza, no se cumple la consecuencia. Y os aseguro que los hijos lo saben y se aprovechan de ello.

“Si no recoges la habitación no vas a coger el móvil en un mes. Eso me dijo mi padre ayer y mira, aquí estoy con el móvil porque he salido de casa a la sesión contigo.”

 

Sí, también me lo ha dicho alguno de los jóvenes con los que trabajo. Seguro que más de un padre o de los que estáis leyendo este artículo también habéis utilizado esta expresión u otras parecidas empleando la televisión, los juguetes, salir al parque… Y os veis claramente identificados.

 

Las consecuencias que se planteen a los hijos deben ser realistas y adaptadas a los menores, y por supuesto, que se puedan cumplir y que finalmente se cumplan cuando se dé el caso.

 

Sumando y sumando estos aspectos junto con otros llegamos a momentos de tensión, de gritos, enfados, críticas y malestar. Un día tras otro es agotador y genera desgaste mental, que conduce a reflexiones y planteamientos del tipo: “ya no puedo con él”, “en qué momento decidí tener hijos”, “qué etapa más dura la adolescencia”, “la que me espera en tres años, si ahora con diez me trata así”.

 

¿Cómo podemos actuar?

 

Es importante que los padres identifiquen las situaciones conflictivas, que traten de acordar con los hijos pautas y planteamientos para mejorarlas. Esto hay que realizarlo desde los primeros momentos en que se dan situaciones repetitivas, no dejarlas pasar justificándolas con la edad, momento difícil que se puede estar atravesando, etc. Algunos consejos:

  • Ser claros en lo que queremos que hagan.
  • Establecer un reparto de tareas.
  • Escuchar activamente sus propuestas.
  • Dar cabida y valor a la expresión de las emociones y sentimientos que se viven en los diferentes momentos por parte de todas las personas implicadas.
  • Consensuar aquellos puntos en los que se genera más conflicto.
  • Plantear consecuencias acordes a la edad y a las características de los hijos.
  • Ser constantes en lo planteado.

 

Ahora bien, si la situación se prolonga en el tiempo o no es capaz de dar respuesta a lo que se están encontrado, mi consejo es buscar la ayuda de un profesional, que analice lo que esté sucediendo, cómo lo viven cada una de las partes implicadas y ayude a establecer pautas tanto para los padres como para los hijos.

 

Ante situaciones difíciles hay que actuar, hay que buscar soluciones, buscar ayuda y reconocer que puede haber un problema, pero nunca, nunca, nunca dejarse llevar por el pesimismo, la desilusión, el abandono y tirar la toalla. Por los hijos y por el bienestar de todos hay que luchar.

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