Psicología

LA CURIOSIDAD NO MATÓ AL GATO

El refrán decía “la curiosidad mató al gato”. ¿Era así verdad? Y puede parecer que la curiosidad es algo negativo y que no nos lleva por el camino correcto.

 

Sin embargo, no me gusta mucho pensar así. ¿Por qué?

Porque la curiosidad es en muchos momentos el desencadenante del aprendizaje, de investigar, de explorar, de conocer, de cuestionarse…

Y esto, no lo podemos obviar.

 

Tras leer algunos artículos, compartir algunas opiniones, reflexionar y tener una conversación interesante acerca de la motivación, el interés, fracaso escolar y aprendizaje, me he lanzado a escribir esa breve reflexión.

 

Hoy hablamos mucho, por desgracia, del fracaso escolar, de alumnos de 12, 14 o 16 años sin ningún interés en los estudios, con varios cursos repetidos a sus espaldas, con comportamientos disruptivos en el aula, etc. Y sinceramente, es un tema que se debe tener en cuenta y sobre el que se debe reflexionar y actuar.

 

Os puedo asegurar que este tipo de desmotivación la vivo en mi centro cuando tengo terapia con algunos adolescentes. Padres y madres buscan ayuda desesperada porque ven que sus hijos e hijas no avanzan, que hay continuamente notas en las agendas o en el mail.

Y sí, ante estas situaciones y con menores en situaciones límite hay que intervenir, ver qué es lo que sucede para realizar la intervención adecuada y así ayudarles y orientarles.

Cuando me siento con los menores me encuentro con muchas opiniones por su parte, con sus puntos de vista y con frases que se repiten de manera muy continuada: “Es que me aburro”, “Es un rollo lo que nos cuentan”, “Todos los años es igual, deberes y exámenes, además de repetir temario”, “El profe da clases muy aburridas”, “Me da mucha pereza ponerme a estudiar por las tardes”, “No hay nada que me llame la atención ni me interese”.

 

Y ante esta última expresión, les planteo. ¿No hay nada que te llame la atención? ¿No tienes curiosidad por determinados temas? ¿No hay nada sobre lo que quieras investigar?

 

Aquí, muchos jóvenes empiezan a retroceder y las generalizaciones comienzan a focalizarse en temas concretos. Porque aunque a veces cueste creerlo…

Los menores tienen interés y curiosidad, en diferentes entornos, así que es importante darles la opción de que manifiesten su interés para así conseguir captar su atención.

Al final las imposiciones, coger el desvío del «porque sí», «lo digo yo» o «es lo que hay y no hay otro camino», no funciona ni en casa, en actividades extraescolares, ni en el aula, ni en otros entornos.

 

¿Por qué? Porque poder decidir, opinar, reflexionar y actuar sobre lo que interesa es más enriquecedor y atractivo que la imposición.

Porque la curiosidad y el interés, generan motivación y esa motivación favorece el aprendizaje.

Y esto, nos sucede a todas las personas y en diferentes contextos.

 

Seguro que muchos papás y mamás habréis dicho: “no entiendo cómo no se aprende los ríos de Europa, pero conoce a todos los jugadores de la liga”. Frase que se puede completar con muchos otros temas.

 

¿Por qué sucede esto?

Porque les interesa, porque les gusta, porque les motiva y les atrae, consiguiendo así que su atención sea plena cuando están con esos contenidos.

Y también, porque comienza a existir ese vínculo entre contenido-motivación-emoción. Nexos de unión, sobre todo contenido y emoción, que compartió el gran Salvador Rodríguez en este artículo y que os recomiendo leer.

 

Ahora os voy a contar un poquito mi experiencia sobre este tema. Algunos adolescentes eso de tener que ir a la psicóloga no les hace gracia, porque tienen en muchas ocasiones, esa falsa creencia de que si vas al psicólogo o a la psicóloga es que estás loco, y ellos, por supuesto, no están locos. Así que, la motivación en este primer momento es nula e incluso se pueden negar a colaborar.

 

¿Qué hago ante estas situaciones? Pues bien, yo (psicóloga que quizá por mi forma de trabajar sea poco convencional) estoy a su lado, comenzamos a hablar de sus intereses, sus aficiones, lo que les gusta hacer y poco a poco voy indagando en esas curiosidades. Esas curiosidades me permiten ir adaptando las sesiones a ellas, de manera que captar su atención y motivación para trabajar contenidos sean más personalizados y atractivos a ellos.

 

Además, si rompo la sesión con algún juego o dinámica desconocida, la atención cambia radicalmente, modificando su idea preconcebida de ir a la psicóloga y que le puedan psicoanalizar. Sí, esto me lo dicen algunos chicos y chicas (tópicos que nos acompañan a los psicólogos).

 

¿Por qué os cuento esto? Porque la curiosidad e interés son un eje para captar la atención y motivar, facilitando así el trabajo de contenidos y el aprendizaje.

 

Así que, independientemente del contexto, si queremos fomentar aprendizajes, escuchemos a los menores, conozcamos sus inquietudes y curiosidades, démosles la opción de plantear y reflexionar sobre temas, porque así conseguiremos trabajar con ellos diferentes aspectos con mayor entusiasmo, motivación y atención.

 

¿La curiosidad mató al gato? No. La curiosidad permitió al gato descubrir nuevos mundos y adquirir nuevos aprendizajes.

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