Psicología

NOTAS: CÓMO ACTUAR Y QUÉ DECISIONES TOMAR

La pasada semana leímos este artículo de Melisa Tuya en el periódico 20Minutos sobre el momento de las notas con los hijos.

 

Creo, y soy muy defensora de ello, que lo primero que se debe hacer ante el boletín de notas es mantener la calma. Gritar, utilizar expresiones despectivas y castigar “ipso facto” no ayuda.

 

¿Por qué?

 

Porque las decisiones en caliente, con la tensión del momento, no nos permiten analizar de la manera más adecuada, llevándonos así a castigos o amenazas difíciles de cumplir.

 

Como psicóloga que trabajo con menores y familias, ¿qué aconsejo?

 

  1. Sentarse tranquilamente con los hijos.
  2. Analizar y valorar las notas (los suspensos, las materias en las que haya rendimiento bajo, pero también hay que atender a lo positivo, no lo podemos olvidar, aunque en estas ocasiones pierde mucho peso).
  3. Indagar conjuntamente qué ha fallado o qué ha podido suceder.
  4. En función de esto, tomar decisiones.

 

Ahora, voy a detenerme en cada uno de los puntos, analizándolos y mostrando algunas orientaciones para la actuación. 

  • SENTARSE CON LOS HIJOS

Es importante estar con ellos, una vez que estemos calmados y tranquilos, para así poder controlar la situación, evitando llegar a conflictos graves y decisiones inadecuadas.

  • ANALIZAR Y VALORAR LAS NOTAS

Ver cada una de ellas, cuántos suspensos, cuáles son, qué materias son en las que el rendimiento ha sido más bajo, en cuáles ha subido…

Es importante que esta fase se haga con los hijos, conjuntamente se valoren las notas y se analicen en función de lo que reflejan.

  • INDAGAR EN LO SUCEDIDO

En este punto me voy a detener un poquito más, ya que es muy importante analizar el por qué de los suspensos, ya que esto puede deberse a varios motivos. Estos los voy a dividir en tres bloques:

  • Falta de esfuerzo. Aspecto que está presente en muchos menores, mayormente en adolescentes. Aquí, nos podemos encontrar con diferentes causas, como no haber realizado un trabajo diario, falta de planificación y organización del estudio, baja motivación, escasa atención en las aulas, actitud negativa hacia el estudio…
  • Falta de base. Sí, falta de contenidos de base para poder afianzar nuevos contenidos. Por ejemplo, no se puede dividir si no se saben las tablas de multiplicar, no se puede trabajar sobre oraciones compuestas si no hay un manejo de las simples, etc.

Es importante conocer si nuestros hijos tienen base de contenidos, si vemos que presentan dificultad en el tratamiento y afianzamiento de algunos de ellos. Por ejemplo, hay chicos a los que les resulta más complicado la comprensión de las matemáticas o el manejo del inglés. Por ello, conocer aquello en lo que hay carencias es clave para poder intervenir en ellas.

  • Dificultades de aprendizaje. Hay que valorar esto, así como tenerlo en cuenta y las medidas adoptadas para su afrontamiento.

Además, es clave conocer qué dificultad puede presentar el menor, no hablamos de que no comprenda un contenido determinado, sino de una dificultad de aprendizaje que le limita en la adquisición de diferentes contenidos.

 

Por ejemplo, cuando nos encontramos con problemas de comprensión lectora, esto repercute en aspectos como la resolución de problemas, comprensión de textos y teoría (materias de sociales y naturales); si hay problemas de dislexia se verá reflejado en faltas de ortografía, vocabulario, escritura y expresión, así como en la lectura.

 

Ante dificultades como déficit de atención e hiperactividad, por ejemplo, es importante conocerlo porque el planteamiento de aprendizaje variará, y si no es adaptado dificultará la asimilación de contenidos en muchos casos de menores, así como en el comportamiento en el aula (que también repercute en las notas).

 

Ahora bien, una vez conocidos los tres grupos por los que puede deberse el bajo rendimiento de nuestros hijos, entra en acción el punto cuatro.

  • TOMA DE DECISIONES.

¿Qué sucederá con la toma de decisiones? Pues sencillo, las actuaciones e intervenciones llevadas a cabo variarán según el motivo del bajo rendimiento del menor.

A continuación, os mostraré algunas orientaciones sobre posibles actuaciones a llevar a cabo.

  • Si el motivo se debe a falta de esfuerzo, es importante plantear a los alumnos qué piensan al respecto, qué objetivos e interés tienen, cuál es su planteamiento, además de conocer su intención por mejorar. Aquí se pueden establecer consecuencias como establecer horarios de repaso, limitar tiempos de pantallas, salidas, etc.

En este caso, también puede ser aconsejable llevar a los hijos a un especialista (psicólogo o psicóloga educativa), que le vea y oriente un plan de actuación personalizado y adaptado a ellos según las necesidades planteadas. O bien visitar al orientador u orientadora del centro escolar. Aquí voy a hacer un inciso, y es que algunos tutores también pueden colaborar e intervenir con el menor, hablando con él y mostrándole lo que se ve en el aula (puntos fuertes y débiles, así como aspectos a modificar).

  • Si el motivo se debe a una falta de base, es decir hay carencias en contenidos porque no están asimilados y esto dificulta el aprendizaje de nuevos, se puede recurrir a academias de estudio o profesores particulares, que se dediquen a trabajar esas materias.

Aquí os voy a recomendar que tengáis la certeza de que la persona buscada tenga conocimientos acordes a lo que se trata de trabajar y afianzar, sobre todo en cursos superiores (secundaria y bachillerato) donde los contenidos son más complejos y específicos.

  • Por último, si la causa del bajo rendimiento de nuestros hijos se debe a que hay una dificultad de aprendizaje, es importante buscar a profesionales especializados en el área concreta. En este caso hablamos de psicólogos, psicólogas, especialistas de audición y lenguaje, pedagogía terapéutica o logopedas. Esto es así, ya que la intervención llevada a cabo debe estar focalizada y adaptada a unas necesidades específicas.

No me gustaría despedir este artículo sin hacer mención al área emocional, desde dos perspectivas:

 

– La repercusión emocional que puede tener en el menor cuando hay esfuerzo y no hay rendimiento acorde a él. Aspecto a tener en cuenta y trabajar en muchos casos.

 

– La frustración. Los menores deben vivir la frustración de los suspensos ante la falta de esfuerzo e implicación, y los padres deben asumirlo y actuar acorde a ello, no tratar de resolver esos suspensos yendo a los profesores exigiendo cambios de notas (esto sucede en algunos casos). Porque este tipo de actuaciones no favorece a los menores.

 

Así que, momento notas, momento para sentarse con los menores y analizar lo sucedido, así como las medidas más adecuadas según las causas del bajo rendimiento.

 

 

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