Psicología

LAS CONSECUENCIAS DE HACER SUS TAREAS. PARTE II: LOS MENORES

El artículo de hoy es la continuación del que compartí la pasada semana con el título, Las consecuencias de hacer sus tareas, que estaba enfocado a los padres y a las madres.

 

En él se podían leer las consecuencias que tienen en los padres y las madres hacer las actividades que tienen que realizar los hijos e hijas, y ojo no solo las académicas, también las del hogar. Aquí podéis leer el artículo completo, pero como resumen del mismo decir que las consecuencias en padres y madres las podemos dividir en cuatro bloques:

  • Estrés y agobio.
  • Culpabilidad.
  • Conflictos.
  • Estados emocionales desagradables.

Pues bien, os preguntaréis sobre qué voy a hablaros en el artículo de hoy. Muy sencillo…

 

Vamos a analizar las consecuencias que tienen en los menores cuando se les hacen sus tareas y se asumen sus responsabilidades.

 

Ya lo dije en el artículo de la semana pasada y lo repito aquí, sé que se hacen esas actividades buscando el bien de ellos, porque en ocasiones tratamos de evitarles conflictos, situaciones difíciles o no queremos que cometan errores. Pero…

Esas buenas intenciones por parte de los padres y madres, tienen repercusiones importantes en su desarrollo y no solo a corto plazo, sino a medio y largo plazo.

¿Por qué?

 

Porque si van delegando, cada vez esa falta de asunción de responsabilidad es mayor, el respeto a lo que tengan que realizar y a quien realiza las acciones es menor, infravalorando los esfuerzos de las actuaciones llevadas a cabo.

 

A la hora de plantear actividades y tareas a nuestros hijos e hijas es importante tener en cuenta diversos aspectos, entre ellos su nivel de desarrollo y características personales (hay niños o niñas de 7 años que tienen un nivel madurativo y de responsabilidad muy alto, siendo muy autónomos en la realización de sus tareas, mientras que otros requieren de mayor orientación). Pero ese nivel madurativo no quiere decir que haya que hacérselo, sino que la orientación y apoyo durante la realización de las tareas sea mayor y poco a poco se vaya disminuyendo hasta darle autonomía.

 

¿Os suena esta frase? “Déjalo, ya hago yo la cama y recojo que tardo mucho menos que tú”. Seguro que más de uno lo hemos dicho en un momento puntual (y me incluyo porque soy madre y hay veces en que las situaciones y las prisas nos pueden), pero cuando se convierte en algo diario, es cuando manifestamos a nuestros hijos e hijas que pueden estar muy tranquilos porque alguien lo va a hacer por ellos.

 

El ejemplo de la cama es uno de los muchos que se pueden poner con respecto a las tareas del hogar, pero en el ámbito académico también sucede. Recordáis en el artículo pasado cuando os hablaba de los padres y madres que desarrollaban los esquemas, resúmenes, buscan información, e incluso hacen un trabajo…

 

Hay que dejar que sean ellos los que hagan esos trabajos, podemos orientarles, guiarles y ayudarles, pero no hacerles todas las tareas. Recordad la importancia de los límites y hasta dónde se debe o no llegar.

 

Continuando con el artículo, y según lo planteado en este y en el anterior, debemos preguntarnos… ¿Qué consecuencias tiene en los menores asumir como padres y madres sus responsabilidades?

  • Niños y niñas más distraídos. Y ojo, no confundamos niños distraídos con menores que presentan Trastorno por Déficit de Atención, porque no es lo mismo, las situaciones vividas son muy diferentes, así como las intervenciones llevadas a cabo.

Hago referencia a niños y niñas distraídos porque no prestan atención en aquello que se les exige porque hay alguien detrás que va a resolver la situación, va a buscar información y va a ser la red sobre la que caer.

  • Niños que delegan en los adultos. “Papá, mamá, ¿me podéis hacer el trabajo? Es que no me da tiempo”.

Error, hay que enseñarles a gestionar el tiempo para hacer las tareas, trabajos, preparar exámenes o recoger la habitación. Si les permitimos que deleguen en nosotros como adultos, lo que va a suceder es que su autonomía va a ser menor y sus exigencias mayores (como vamos a ver a continuación).

  • Falta de autonomía. No realizar tareas por ellos mismos hace que no sean autónomos a la hora de realizar esas actividades u otras en otros momentos.

Os voy a poner un ejemplo sobre un tema que surgió en la tutoría grupal de la clase de mi hija. La tutora, con toda la razón y buen interés del mundo, avisó y aconsejó a los padres y madres que estábamos allí presentes que dejaran a los niños prepararse la mochila cada día, que se acostumbren de manera autónoma a mirar el horario para saber lo que hay que llevar o no, porque en el aula lo hacen ellos para saber qué hay cada día y qué libros o material sacar.

 

Y debe ser así, los primeros días podemos apoyar y guiar, pero dejándoles que sean ellos los que guarden libros, material o el almuerzo.

 

Y voy a dar un paso más, entiendo a los docentes cuando se quejan en reuniones o encuentros de que hay niños y niñas con un nivel de autonomía muy bajo (respetando edades, claro está), porque en el aula los propios menores deben gestionar muchos aspectos, no depender del adulto para que les resuelva una situación o le guarde el material en la mochila.

  • Dependencia de los padres. A raíz de todo lo anterior, si hacemos las cosas por nuestros hijos, generamos personas dependientes, que van a solicitar la ayuda del adulto para resolver un conflicto, para realizar una tarea o para dar respuesta a una situación determinada.

Los niños y niñas desde pequeños deben ir adquiriendo recursos y estrategias para dar solución a situaciones que se encuentren y en las que tengan que intervenir. Si como padre o madres desde pequeños les resolvemos todo, en el momento en que estén solos, sean adolescentes o se vayan a un intercambio, se verán muy limitados, con agobio y sensación de incapacidad.

 

Os voy a contar un ejemplo simple, que surgió en una conversación con un joven de 18 años en terapia, que me comentaba que “culpaba” a sus padres de sentirse muy dependiente de ellos a la hora de realizar algunas acciones, como era el simple hecho de coger el autobús para desplazarse por el pueblo o para ir a otro, ya que siempre ellos la habían llevado a todos los sitios y ella ahora se veía más limitada a la hora de ir a una u otra parada de autobús, así como resolver el momento si se equivocaba.

  • Menores egoístas. Si les acostumbramos a hacer sus cosas, ellos “se subirán a ese carro”, podrán llegar a exigir que se les hagan las cosas y no valorarán el esfuerzo que por parte de sus padres está suponiendo.

En algunas sesiones con familias me encuentro con comentarios del tipo: “Es que me exige que le haga el esquema porque sin él no es capaz de estudiar y me dice que sino suspende”, “Le ayudo todo lo que puedo y luego me llevo malas contestaciones porque le pido que recoja su habitación”, “Estoy estudiando a su lado y no me presta atención cuando le explico lo que tiene que hacer” y como estás muchas más del estilo.

 

Si les damos mucho, ellos cada vez van a exigir más porque no van a valorar el punto de esfuerzo que eso supone, ya que siempre lo han recibido.

 

Así que, papás y mamás, si queremos hijos autónomos, independientes, que sepan gestionar sus situaciones, que sean capaces de emplear estrategias y recursos según el momento y actividad a desarrollar,  que sepan valorar lo que tienen y lo que hacéis por ellos… Un consejo:

 

No realicéis  sus tareas ni asumáis sus responsabilidades, guiarles y orientarles, hacerles ver que estáis ahí, pero dejarles que sean ellos los que las realicen y que si se equivocan no pasa nada.

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