Psicología

HABLANDO DE LA IMPORTANCIA DE LA FRUSTRACIÓN. CÓMO AFRONTARLA Y GESTIONARLA (PARTE I)

Niños sobreprotegidos, niños burbuja, padres helicóptero… Hoy día contamos con diferentes términos para “encasillar” a los padres, madres y menores según los comportamientos que desencadenan, los estilos de crianza, etc.

 

En el artículo de hoy no voy a hablar de los diferentes estilos de crianza que pueden seguir los padres y madres (aunque da para un buen artículo, o varios).

 

Os voy a ser sincera, yo no soy partidaria de encasillar en uno u otro, ya que considero que se va oscilando entre unos estilos y otros según las situaciones, los contextos y los momentos en los que los padres, madres y menores se encuentren.

Los extremos no son buenos, por ello hay que buscar el equilibrio y saber adecuar los comportamientos a las situaciones encontradas.

Y dicho todo esto (porque en parte está relacionado con lo que vais a ir leyendo), os estaréis preguntando… entonces, ¿de qué nos vas a hablar hoy María Jesús?

 

De la FRUSTRACIÓN

 

Sí, hoy traigo al blog a esta amiga, con la que todos hemos convivido, y conviviremos, en más de una ocasión, a la que hemos tenido que hacer frente en primera persona o a través de nuestros hijos, hijas, alumnos, alumnas, sobrinos, sobrinas, nietos, nietas…

 

Pero antes de continuar… ¿Qué es la frustración?

 

La frustración es un estado emocional desagradable que se desencadena cuando los intereses o expectativas no se corresponden con la realidad, pudiendo desencadenar emociones de enfado e ira y conductas relacionadas con ellas.

 

En terapia con familias me encuentro con muchas conversaciones y situaciones que giran en torno a la frustración. Así como el «miedo» que presentan muchos padres y madres ante ella por las conductas que desencadenan los hijos e hijas.

 

Y como os podéis imaginar, en ocasiones, muchos padres y madres ceden por ese “miedo” a las conductas, facilitando así que los menores consigan su objetivo.

 

Sabéis qué sucede cuando esto se repite en diferentes momentos…

 

Que los menores exigen más, que la tolerancia a la frustración es cada vez más baja y que las conductas que desencadenan para alcanzar el objetivo son más disruptivas, buscando así que los padres “cedan” para conseguir lo que desean.

 

Los niños y niñas tienen que frustrarse, y no sucede nada, tienen que vivir esos estados emocionales, no todos deben son agradables (porque así no es la realidad en la que viven ni la que se van a encontrar). Es más, las emociones más desagradables son adaptativas porque nos permiten afrontar situaciones diversas y que pueden suponer un riesgo para nosotros mismos.

 

Hay que tener muy claro que en la vida nos encontramos con momentos en los que hay disonancias entre lo deseado y lo real. Presentar esto desde que los niños van viviendo diferentes situaciones y emociones es importante y adaptativo para ellos.

 

Como es normal, los padres y madres no queremos que nuestros hijos sufran, pero de ahí a no permitirles fallar, a que experimenten emociones y sensaciones, a que afronten momentos en los que deban resolver conflictos o tomar decisiones… Es un gran paso.

 

Y las consecuencias de todo esto, como ya he mencionado en más de una ocasión y en diferentes contextos, las viven los menores. Porque terminan siendo dependientes, porque no saben gestionar las emociones, porque no son capaces de asumir normas y límites, porque imponen sus criterios y no aceptan ni valoran las críticas… Y como estas, muchas más vivencias y situaciones diversas.

 

Así que, el primer consejo del artículo es…

 

Dejar que los hijos e hijas se frustren, vivan ese estado emocional, guiarles y apoyarles en el transcurso del mismo. Si lo hacemos les aportamos recursos para esa gestión de la frustración y por tanto en la gestión de su estado emocional.

 

Los menores se pueden frustrar por múltiples motivos y en diferentes contextos (cada papá y cada mamá podemos sacar una lista de los momentos más frustrantes de nuestros hijos e hijas).

 

Como ya he mencionado, esa frustración viene dada por un desequilibrio entre lo deseado y lo real, y puede deberse a querer algo y decir que «no» (y hay que decir «no» a los hijos), porque quieren algo inmediato y no se tiene el acceso en ese momento (es lo que tiene la inmediatez de las tecnologías, con un click tenemos acceso a lo deseado), porque son perfeccionistas y algo no está como lo habían dejado, etc.

 

Ante este tipo de situaciones, como padres y madres debemos contar con una serie de recursos y estrategias para afrontar ese momento.

  • En primer lugar, debemos tener claro que somos SOMOS EJEMPLO de nuestros hijos e hijas. Si perdemos los papeles, si gritamos, si subimos mucho el tono, si no somos capaces de controlar la situación, les estamos enseñando a nuestros hijos falta de gestión emocional.

Y ojo, que sé que a veces es complicado estar tranquilo en esos momentos, porque se van acumulando cosillas diversas y uno tiene un límite.

  • En segundo lugar, PONER NOMBRE A LO QUE SE SIENTE. Los menores necesitan identificar qué sienten y experimentan, conocer que lo que están viviendo es enfado, rabia o tristeza por determinada situación o acontecimiento.

Este es un primer paso muy importante. Siempre lo digo en mis talleres de gestión emocional, tanto en los de menores como en los de padres y madres, poner nombre a esa emoción y sentimiento nos permitirá conocerla, ubicarla, expresarla y gestionarla en momentos futuros.

  • En tercer lugar, IDENTIFICAR CÓMO VIVIMOS ESA FRUSTRACIÓN. Qué sentimos a nivel físico, qué pensamos sobre lo sucedido o lo que podríamos hacer en ese momento, y qué conductas desarrollamos.

Conocer que mi primer pensamiento puede ser “soy un desastre”, “es que no me dejáis hacer cosas”, que lo que siento es calor, tensión en mis manos y brazos y lo que me gustaría es dar un puñetazo, por ejemplo.

 

Conocer esto nos permite regularnos y gestionar ese momento, para no dejarse llevar por esa experiencia emocional.

 

Cuando trabajo con menores, me gusta establecer un paralelismo entre el mar y las emociones. El mar si le dejas te lleva hacia dentro, por ello tienes que nadar con más fuerza hacia la orilla, para evitar esa profundidad y el peligro. En las emociones pasa igual, si te dejas llevar por ellas, si no las gestionas, te vas a lo profundo, donde todo se complica.

 

Este símil es sencillo de explicar y entender por los menores, porque la sensación de dejarse llevar en el mar por las olas es algo que se ha vivido. De ahí que se pueda entender mucho mejor lo que se trata de explicar.

  • Relacionado con o anterior pasamos al cuarto lugar, GESTIÓN DE LA FRUSTRACIÓN. Contar con recursos y estrategias para afrontar y gestionar la frustración.

Siempre trato de orientar a los menores en esta dirección:

 

PARA – BUSCAR UN LUGAR TRANQUILO – RELÁJATE – ANALIZA – COMUNICA  

 

Es importante identificar esa frustración para conseguir parar a tiempo, para no “dejarse llevar” por ella, salir de esa situación que genera el enfado buscando un lugar o punto en el que conseguir relajarse. Cuando estamos tranquilos es más fácil analizar y reflexionar sobre lo sucedido de manera individual, tratando de ver las diferentes perspectivas, para después poder comentarlo y analizarlo con las personas implicadas.

 

Mi segundo consejo del artículo es el siguiente…

 

En el propio momento de frustración, de enfado, de ira, evitemos reflexionar o analizar, ya que ahí no estamos en condiciones de poder razonar sobre lo acontecido.

 

Algunos os estaréis preguntando… Cómo podemos ayudar a nuestros pequeños a relajarse en esos momento. Pues bien, se pueden emplear estrategias muy diversas desde el acompañamiento, el abrazo, guiándole en la relajación, dejándole seguir su ritmo a solas, etc…

 

Pero si os parece, para no extender mucho este artículo, os espero la próxima semana para presentaros toda una serie de recursos que nos ayuden a gestionar la frustración…

 

Antes de despedirme, me gustaría recomendaros la lectura de este maravilloso artículo (que está en mi top de preferidos) escrito en el blog de bebeamordor.com entre dos grandes profesionales, y compañeras de profesión, como son Julia Iriarte y Mamen Jiménez (también conocida como lapsicomami).

 

Un último detalle, este artículo trata de presentaros un contenido general, una guía y unos recursos, pero si a nivel familiar y personal os encontráis muy derbordados, buscar ayuda profesional para encauzar la situación de manera personalizada.

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