Juegos de mesa

450 cosas que hacer en tu vida… Versión adolescentes

«450 cosas que hacer en tu vida» es un juego de mesa para mayores de 18 años. Sin embargo, he decidido adaptarlo para adolescentes y presentaros esa adaptación es el fin del artículo de hoy.

 

Adaptar juegos de mesa es una estrategia que podemos seguir para alcanzar objetivos con nuestros grupos, ya sea en un aula, centro formativo, en talleres o terapia (como es mi caso). Siempre con una planificación y adaptación a las necesidades del colectivo.

 

450 cosas que hacer en tu vida, es distribuido por la editorial Mercurio y cuyo autor es Pavel Atamanchuk. Si queréis conocer más sobre el juego os dejo el enlace a este artículo, que escribió Julia Iriarte en el blog bebeamordor.com.

 

Aclarar que la idea surge a raíz del planteamiento que recoge Julia en el artículo, de poder adaptarlo para adolescentes con algunas propuestas.

 

El juego, como he mencionado, es para mayores de 18 años (algunas situaciones de las cartas lo dejan muy claro). En él es importante conocer al grupo de juego para poder valorar de la mejor manera posible la puntuación dada ante determinadas situaciones mostradas.

 

Es un juego en el que las risas y la diversión están aseguradas. De esos que te puedes llevar y sacar con un grupo de amigos o en familia para pasar un rato de lo más entretenido.

 

Para emplear el juego con mi grupo de adolescentes os voy a poner en situación:

  • Forman parte de un taller de Habilidades sociales y gestión emocional.
  • Se conocen desde hace meses (algunos incluso más tiempo).
  • Los conozco a todos por el taller y por terapias individuales.

Esto me ha permitido adaptar el juego a ellos y a sus características. ¿Cómo lo he hecho?

 

   1º Seleccionando tarjetas del propio juego, adecuadas para su edad (me resultó complicado porque algunas situaciones eran válidas, pero otras de la tarjeta, no).

 

   2º Elaborando tarjetas propias. Decidí crear tarjetas con una sola situación (diferente al juego que muestra tres en cada cara). Entenderéis el motivo más adelante.

 

Esta fue la adaptación de componentes del juego que he llevado a cabo, porque mantuve la mecánica del juego y sus reglas (fáciles de entender y seguir).

 

Antes de continuar y explicaros cómo fue la sesión, aclarar que yo formé parte del grupo de juego, participé como una más (aquí se percibe cómo los adolescentes nos ven a los adultos en según qué situaciones).

 

Durante el desarrollo del juego observé lo siguiente…

  • Preferían las tarjetas que les elaboré.

No se sentían tan identificados con las del juego, además de que a la hora de elegir no les convencía. También se agilizaba el juego en el planteamiento de las cuestiones, ya que al coger la tarjeta era una sola situación para leer y era más dinámico para ellos.

  • Valoraban a sus compañeros según algunas vivencias tenidas con ellos.

Algunos ya se conocen y eso hace que vean en qué grado desarrollarían o no la situación los compañeros. Esto es significativo porque retienen mucha información de los demás, cuando a veces parece que no.

  • Recordaban algunos temas, conversaciones y acciones que habían desarrollado los compañeros en el propio taller.

En el taller se habla mucho y se comparte gran cantidad de información, así que recordaban y lo usaban para las puntuaciones. Esto lo pude ver en la parte de reflexión porque ellos mencionaban cuándo lo habían expresado.

  • Valoración del adulto según la situación.

Según la propuesta, fuera más «alocada» o tranquila, me valoraban con mayor o menor puntos, ya que les resultaba más o menos sencillo ubicarme en esa situación. Pero también me conocen y saben cosillas de mí, de mi trabajo y de ocio.

 

Cuando sacábamos las puntuaciones comenzaba un proceso de reflexión y de compartir lo que había puntuado cada uno. Esta parte para mí era la más importante porque analizan todo lo mostrado y ofrece mucha información de ellos. Además, comienzan conversaciones interesantes, si alguno ha hecho algo similar lo manifiesta y expresa cómo lo ha vivido.

 

Lo bueno de ese proceso de reflexión es que trabajábamos aspectos de gestión emocional. ¿Por qué?

 

Porque a la hora de mostrar por qué se haría o no, y en qué grado, una propuesta se analizaba y decían cómo se sentirían, entrando un vocabulario emocional importante.

 

Este tipo de juegos donde compartir, expresar y se da la comunicación grupal es donde se ve cómo un menor que parece tímido, por ejemplo, muestra mucho interés en realizar actividades que se consideran más atrevidas. E incluso, menores que puedes ver más «pasotas» te sorprenden con su interés en determinadas acciones.

 

Fue una gran experiencia, nos reímos mucho, compartimos, nos descubrimos y nos conocimos más aún en situaciones extrañas, poco habituales o sorprendentes, además de algunas más cercanas.

 

Quiero aclarar que las situaciones que elaboré para los menores eran de temas diversos. Desde propuestas de ocio, pasando por familiares, voluntariado, tolerancia, educativas… Situaciones que pueden darse en algún momento o no, pero que ayudan a analizar y reflexionar.

 

A raíz de la publicación de algunas fotos en redes llegaron preguntas y planteamientos sobre el uso del juego. Os dejo el enlace al tuit para que veáis las conversaciones…

Yo empleé el juego con un grupo reducido (6 menores), pero voy a plantear estas propuestas:

  • En las tutorías de los grupos en los centros escolares, se puede emplear como recurso para conocimiento del grupo.
  • Elaborar tarjetas propias  adaptadas al grupo, acordes a su edad e intereses.
  • Posibilidad de dejar que ellos planteen situaciones extrañas, diferentes, curiosas… Tanto en tarjetas, como de manera oral mientras se desarrolla el juego.

Creo que como recurso para conocerse un grupo de aula puede ser muy importante para ellos y para los docentes. Cuando hablamos de adolescentes, aún más por todo lo que puede permitir trabajar. Además se pueden focalizar y adaptar tarjetas y situaciones a los intereses que se tengan o a temas específicos sobre los cuales se quiera prestar atención.

 

Por ejemplo, imaginaos que se quieren atender varios temas (relación social en el aula, acoso escolar, responsabilidad académica, discapacidad…). Pues bien, se puede plantear cada tema en mesas diferentes y los grupos van rotando por ellas, pudiendo así valorar las puntuaciones de los grupos en según qué situaciones.

 

Esto permitirá ver cómo, y según qué temas, los menores se conocen más, hablan más sobre ellos o muestran y cuentan otras experiencias de su vida personal al grupo.

 

450 cosas que hacer en tu vida es un juego para mayores de 18 años, pero podemos adaptar situaciones o tarjetas a las características de nuestro grupo (en este caso adolescentes), así como a los objetivos que nos planifiquemos. Así que…

 

¿Os animáis a pasar un rato divertido con 450 cosas que hacer en tu vida?

 

 

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